Como rezar el Padre Nuestro

El Padre Nuestro: la Oración mas importante de los cristianos

La oración del Padre Nuestro es la más importante para los cristianos, siendo la que nos enseñó el propio Jesús. Por ello, es de las primeras que aprendemos y posiblemente la que más recemos en nuestras reuniones de grupo. De hecho, es tan familiar para los niños que seguro que es, a menudo, la oración elegida para rezar en casa, en su momento personal con el Señor. Como vemos, son muchos los momentos en los que rezamos el Padre Nuestro pero, ¿realmente oramos? Es decir, ¿sentimos al Señor presente o únicamente estamos recitando unas frases? Está claro que es algo más y que, simplemente pronunciando cada palabra, el Espíritu Santo se encarga de mantener un vínculo entre nosotros y el Padre.

El siguiente paso es ahondar en la oración del Padre Nuestro, a partir de sus siete peticiones. En ella nos dirigimos a Dios con confianza, le alabamos, pedimos que crezca su Reino. Nos ponemos en sus manos y le pedimos lo necesario, que no nos falte ni el pan ni las fuerzas para perdonar y ser perdonados; sin olvidarnos de pedirle su ayuda para crecer en el bien y la gracia para ser liberados del maligno.

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

Estamos más acostumbrados a “utilizar” el Padre Nuestro para rezar que a tomarlo como referencia para “aprender a orar”. Invitamos a proclamar las citas directamente desde la Biblia y leyendo de una manera diferente (encendiendo una vela, con las manos agarradas…), pues ya sabemos que esta lectura no es una lectura normal, sino que es especial. Si los niños aún no saben cómo buscar los versículos, podemos tenerlos señalados desde antes.

PADRE NUESTRO QUE ESTAS EN EL CIELO

Lo primero que hacemos es comprobar que en el Evangelio se hace referencia específica a esta primera frase. Leemos la cita de Mt 6, 9. «Vosotros orad así: Padre nuestro que estás en el cielo»Otra palabra muy importante en esta primera frase es “nuestro”. Ser hijo significa también ser hermano y que el Padre no loes solo para mí. Nuestra vida cristiana y de oración no puede ser egoísta. En la Biblia podemos encontrar varios pasajes que nos lo demuestran: “esperando al hermano ausente, repartir lo que hay para que llegue para todos… Participando en este grupo nos estamos dando cuenta de lo bueno que es compartir con otros nuestras vivencias, nuestro interior, preocupaciones, alegrías…en definitiva, compartir la fe que nos une. Al ser un grupo propio de la parroquia, es fácil sentir que somos comunidad y, por tanto, Iglesia. Es aquí donde más vivimos ese “nuestro”.

SANTIFICADO SEA TU NOMBRE

Leemos el texto del segundo apartado de las páginas del catecismo, donde se explica el respeto y obediencia que debemos tener a Dios. Le amamos y alabamos porque sabemos que es infinitamente bueno, por eso decimos que su nombre está santificado. Pedimos saber amar a Dios, alabarlo, guardarle el respeto debido y vivir según sus mandamientos, comprometiéndonos a buscar que Dios, el Padre, sea conocido y bendecido por todas las personas.

VENGA A NOSOTROS TU REINO

Nosotros somos el instrumento del que Dios se sirve para hacer de este mundo, un mundo más justo. Vamos a realizar una dinámica donde descubriremos las obras que nos pide el Señor que realicemos para que “el reino de Dios crezca aquí ya desde ahora”.

HAGASE TU VOLUNTAD EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO

Primero, leemos el cuarto punto del contenido a doble página del catecismo sobre el Padre Nuestro. Explicamos, si es necesario, que
“cumpliendo sus preceptos” se refiere a que debemos actuar según la voluntad del Padre, lo cual nos llena de alegría. Pedimos que, en la tierra y en nuestro corazón, la salvación de Dios se realice plenamente, como se ha realizado en el cielo, sabiendo que encontramos nuestra felicidad cumpliendo sus preceptos.

DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DIA

Pedimos el pan porque lo esperamos todo de la bondad de Dios Padre; le pedimos la gracia de saber obrar para que el pan llegue a todos como fruto de la justicia y la solidaridad. También pedimos que nunca nos falte el pan de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo que recibimos en la eucaristía. Esta petición puede llevar a confusión, pues podemos pensar que lo que pedimos a Dios es pan como “objeto”, como algo material que necesitamos en nuestra vida. Así que debemos explicarlo bien, ayudándonos de una lectura dialogada del punto quinto con la que comenzaremos este apartado.

PERDONA NUESTRAS OFENSAS COMO TAMBIEN NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN

Para empezar, leemos el sexto apartado del catecismo, donde nos habla de la petición del perdón dentro del Padre Nuestro. Al final del día, nadie está exento de tener que hablar con Dios para pedir perdón o para dejar de lado el orgullo perdonando a otro, pues siempre vamos a vivir situaciones a lo largo de nuestro día en las que no se actúe como Dios quiere que lo hagamos Pedimos a Dios Padre que nos perdone porque nos reconocemos pecadores; nuestra petición será atendida si nosotros, antes, hemos perdonado a los que nos han ofendido.

NO NOS DEJES CAER EN TENTACIÓN Y LIBRANOS DEL MAL

Pedimos a Dios Padre que no nos deje solos y nos ayude a saber entender qué nos hace crecer en el bien y qué nos conduce al pecado y a la muerte; pedimos la gracia de la vigilancia y de la perseverancia hasta el final y despues Pedimos a Dios Padre que la familia humana sea liberada de Satanás y de sus obras. Pedimos el don precioso de la paz y la gracia de la espera confiada en el retorno de Cristo, que nos librará definitivamente del maligno.

AMÉN

Después, terminada la oración, dices: amén, refrendando por medio de este “amén”, que significa “así sea”, lo que contiene la oración que Dios nos enseñó de acuerdo a San Cirilo de Jerusalén La palabra hebrea Amén, con la que se termina también el último libro de la Sagrada Escritura, algunas oraciones del Nuevo Testamento y las oraciones litúrgicas de la Iglesia, significa nuestro «sí» confiado y total a cuanto confesamos creer, confiándonos totalmente en aquel que es el «Amén» definitivo: Cristo nuestro señor.