Oración de San Agustín para pedir un Milagro a Dios

Oh dulcísimo, benignísimo, amantísimo, poderosísimo, deseadísimo, preciosísimo, amabilísimo y hermosísimo Señor mio, para mí más dulce que la miel, más blanco que la leche, más suave que la clavellina, más precioso que el oro y que las piedras preciosas, más amado que todas las riquezas de la tierra, más querido y deseado que el mismo cielo y que todo lo que hay en él! ¿Pero qué digo yo, Señor Dios mio, única esperanza mía; qué digo, dulzura inefable, qué digo cuando esto digo? digo lo que puedo, y no digo lo que debo. ¿Quién os podrá dignamente alabar,

¡oh dulzura infinita y sabiduría del Padre! Yo os suplico humildemente, Señor, que no mireis tanto á lo que yo ahora digo cuanto á lo que deseo decir; porque bien sabeis, Señor, que deseo con gran deseo alabaros con aquella alabanza que conviene á vuestra soberana Majestad: y tambien sabeis (pues s.ois escudriñador de los secretos de los corazones), que no hay para mí cosa en el cielo ni en la tierra que se compare con vuestro amor, y que todo lo que no sois vos no me hinche ni me sosiega, y que es nada para mí. Dadme gracia, bien mio, para que yo os ame cuanto deseo y cuanto debo; así que vos sólo seais mi blanco, mi fin, todo mi cuidado y regalo. En vos medite de día, de vos sueñe de noche, mi espíritu se entretenga con vos, mi ánima descanse en vos.

Ablandad con la poderosa uncion de vuestro espíritu este mi corazon duro y de piedra; sacad de él agua copiosa de lágrimas, encendedle con el fuego de vuestro amor, para que os sea vivo sacrificio y holocausto agradable. Muera yo totalmente al mundo, y absorto en vuestro santo temor y amor de tal suerte me olvide de todas las cosas transitorias, que ninguna de ellas me levante con su prosperidad, ni me aflija con su adversidad; á ninguna tema, á ninguna ame, de ninguna reciba pena ni alegría. Y porque vuestro amor es fuerte, á par de la muerte, yo os suplico que la fuerza de vuestro amor encendidísimo y dulcísimo me abrase y transforme en sí, y aparte todo lo que no sois vos, y me arrebate de tal manera, que con vos sólo me abrace, y con sola la memoria de vuestra suavidad mi ánima se recree.
Amen.