Oración a la Virgen María Magnificat

El Magnificat a la Virgen María

El Magnificat, también llamado el Cántico de María, está registrado en el Evangelio de Lucas. Es la oración gozosa de la Virgen María en respuesta al saludo de su prima Isabel. Este gran himno forma parte de la oración de la Iglesia en el Oficio Divino, Liturgia de las Horas. Cuando se recita como parte del Oficio Divino, es seguido por el Gloria Patri (“Gloria sea”). El Magnificat cantado tradicionalmente es el canto llano en latín. Una de las más gloriosa interpretaciones musicales del himno es la versión del Magnificat de J.S. Bach.

El Catecismo de la Iglesia Católica describe el Magnificat como “el canto de la Madre de Dios y de la Iglesia”[CIC 2619], y explica el significado de esta oración:

La oración de María se nos revela al amanecer de la plenitud de los tiempos. Antes de la Encarnación del Hijo de Dios, y antes de la efusión del Espíritu Santo, su oración coopera de una manera única con el plan de bondad amorosa del Padre: en la Anunciación, para la concepción de Cristo; en Pentecostés, para la formación de la Iglesia, su Cuerpo. En la fe de su humilde sierva, el don de Dios encontró la aceptación que había esperado desde el principio de los tiempos. Aquella a quien el Todopoderoso hizo “llena de gracia” responde ofreciendo todo su ser: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. “Fiat”: esta es la oración cristiana: ser enteramente de Dios porque Él es enteramente nuestro.

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.