Angel Gabriel se presenta a San Zacarias y Santa Elizabeth

Como aumentar nuestra fe con el ejemplo de San Zacarias y Santa Elizabeth, padres de San Juan Bautista

San Juan el Bautista. Es una de las figuras más significativas y conocidas de la Biblia. Aunque Juan era conocido como “el Bautista”, de hecho, fue el primer profeta llamado por Dios desde Malaquías unos 400 años antes. La venida de Juan fue predicha más de 700 años antes por otro profeta, una voz de una sola llamada:

En el desierto preparad el camino a Yahveh; enderezad en el desierto un camino para nuestro Dios’. Todo valle se elevará, toda montaña y todo monte se hará bajo; el terreno áspero se volverá nivelado, los lugares escabrosos una llanura. Y la gloria de Jehová será revelada, y toda la humanidad la verá. Porque la boca de Jehová ha hablado. Isaías 40:3-5

Este pasaje ilustra el plan maestro de Dios en acción cuando Dios seleccionó a Juan para que fuera Su embajador especial para proclamar Su propia venida.

Los Tiempos de San Juan Bautista

Este dato es una prueba de franqueza. Un punto auténtico que da la fecha con esta precisión, que denomina las personas, que señala la estirpe y el origen, no quiere ciertamente falsificar y muestra al semejante tiempo que no teme ser impugnado. De hecho, los eruditos de los primitivos siglos jamás se osaron de acusar de falsedad a los evangelistas en las épocas que observaron, ni en cuanto a las personas famosas que tuvieron cuidado de nombrar. Si los ateos modernos, que tan furiosos están contra el Evangelio, quieren combatirlo con buena contingencia, esta es la palestra en que deben instruirse porque vociferar siempre contra los hechos milagrosos o contra la incredulidad de los misterios, no es otra cosa que uno vano parlamento.

Si el Evangelio es ilusorio, que lo prueben, como se ha acostumbrado con otros libros, aplicando para esto las reglas de pruebas críticas, mostrando en él los errores de cronología y las refutaciones. Pero ni los viejos, ni los nuevos enemigos del cristianismo lo han dispuesto jamás, ni jamás lo harán. Esta información tan simple y tan sincera que deja el Evangelio, es al mismo tiempo el cumplimiento de las profecías. Este Herodes es el primer Rey foráneo que habían tenido los judíos. Era Filisteo de país, nativo de Escalón, puesto sobre el trono de Judas, por potestad de los Emperadores Romanos. El cetro pues, había emergido ya de Judas y había alcanzado el tiempo señalado por el Patriarca Jacobo para el regreso del Mesías. Era equivalentemente fácil contar las sesenta semanas de Daniel y ver que en aquel tiempo se correspondían cumplir. Adoremos la providencia de Dios, su excelente sabiduría, y su fidelidad en conservar sus promesas.

San Zacarias y Santa Elizabeth, padres de San Juan Bautista

En la vida social de Zacarías y de Elizabeth, estos eran considerados nobles, pero vivían sin vanidad y sin fausto. La nobleza da lustre y prestigio a la moralidad. Eran pues, los dos justos a los ojos de Dios: marchando irreprehensibles en todos los mandamientos y en las leyes del Señor. Servían a Dios con un corazón justo y sincero y también sin hipocresía. Justos según la Ley y fieles oyentes de todos los mandatos que esta les señalaba; y justos para con el prójimo, no habiendo jamás dado elemento de queja, ni momento de escándalo.

No tenían hijos por ser Elizabeth estéril y los dos de edad ya avanzada estaban afligidos; pero no se lamentaban; no tenían hijos; pero no se quejaban. Elizabeth llevaba el sobrenombre de estéril, cosa de vergüenza en su nación; pero no se mostraban afrentados. Afortunados los matrimonios en que, con la compatibilidad de la sangre, con la conveniencia de la edad y con la uniformidad de los caracteres se halla una virtud tan sólida.

Sucedió pues, que mientras hacia la ocupación de Sacerdote delante de Dios, por la disposición de su turno, según el hábito del Sacerdocio, le tocó en suerte entrar en el templo del Señor a ofrecer el incienso y toda la gente del pueblo oraba en la parte exterior. Fue pues, en el templo en el instante de quemar el incienso y de rezar las oraciones ordenadas por el rito sagrado de la nación. Fue en el tiempo en que el pueblo rogaba en él y esperaba la bendición del Sacerdote a su vuelta. ¿Qué suceso más pertinente para conseguir del Cielo los más distinguidos favores?

Frecuentemos los templos. Asistamos a las oraciones públicas, a los oficios de la Iglesia y principalmente en los tiempos del sacrificio, en que se brinda a Dios el verdadero perfume, que es Jesucristo ¿Qué ventajas no obtendremos si concurrimos con aquel acato exterior e interior que exige este eterno sacrificio? y si nosotros propios, en modo de Sacerdotes, debemos brindar, ¿con qué atención y con qué recato correspondemos observar el precepto y las ceremonias? ¿Con qué acopio de espíritu y moralidad de corazón?  ¿con qué fervor y amor? ¿con qué reconocimiento debemos celebrar la sacrosanta acción?

El Angel Gabriel se presenta a San Zacarias para anunciarle el nacimiento

Y se le apareció dice el Evangelio el Ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso y Zacarías al verlo se azoro y el temor lo sorprendió. Un millón de Ángeles cercan el altar de Jesucristo. Si su presencia invisible no nos atemoriza, ¿debemos por ventura estar con menor respeto y tener menor amor y confianza? Admiremos en la bondad del Espíritu celestial. Y el Ángel le dijo:

No temas, Zacarías, porque ha sido escuchada tu oración y tu mujer Elizabeth te parirá un hijo y le darás por nombre Juan.

Es propiedad de los buenos Serafines el confortarnos y todo aquello que infunden nos trae la paz del corazón y la intimidad en Dios. Observemos por fin, el nombre, la mesura, el ministerio y el poder del Ángel. Y Zacarías dijo al Ángel:

¿cómo comprenderé yo tal cosa? Porque yo soy viejo y mi mujer está avanzada en tiempo.

Zacarías muestra aquí alguna susceptibilidad sobre el acatamiento de todo lo que le anuncia el enviado celestial. Y respondiendo el Ángel le dijo:

Yo soy Gabriel, que estoy en la presencia de Dios y he sido enviado para hablarte y traerte esta buena noticia.

El Ángel no sin razón, expone aquí su nombre: Gabriel. Significa fuerza de Dios. Es el mismo Ángel que revelo y declaro la predicción de las setenta semanas a Daniel y que bien presto ira a informar a María el nacimiento del Salvador. ¿Quién otro, fuera que el Dios fuerte, puede de esta manera ordenar los acaecimientos, anunciarlos y cumplirlos?

Supliquemos a este Santo Ángel que nos incluya de estos santos misterios, de que ha existido el ministro para con los mortales y por expresar así el primer Evangelista. Su cargo es de llevar a los hombres los leyes de Dios; pero sin perder jamás su presencia.

Así aquellos que sobre la tierra están comisionados de notificar al pueblo la voluntad del Señor, deben estar eternamente unidos a Dios y existir entre los hombres con una vida angélical.

Los Ángeles son superiores en su poder a todas las condesciendes fuerzas: pueden hacerse visibles o invisibles; pueden atemorizarnos y consolarnos; pueden socorrernos y castigarnos Respetemos a aquel que se nos hadado por guarda y confiemos enteramente en él. Finalmente debemos considerar en el Ángel Gabriel la severidad que ejercita. Después de haberse dado a conocer a Zacarías, le añadió:

y mira que estarás mudo y no podrás hablar hasta el día que esto suceda; porque no has creído a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo

Por una palabra indiscreta nueve meses de silencio Bien presto nos enmendaríamos de nuestros defectos, si con tanta severidad fuesen castigados por nosotros Si el juicio de un Ángel es tan severo, ¿cuál será el juicio de Dios? Consideremos a San Juan y volvamos a las palabras del Ángel:

y tu mujer Elizabeth te parirá un hijo y le pondrás por nombre Juan; y te servirá a ti de regocijo y de júbilo y muchos se deleitarán por su nacimiento; ya que será grande al frente del Señor y no probará vino ni sidra y será lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre. Y evangelizará muchos de los hijos de Israel al Señor su Dios; y él le antecederá marchando delante con el Espíritu Santo y la dignidad de Elías; para bautizar el corazón de los padres hacia los hijos y los recelosos a la sabiduría de los equitativos, para preparar al Señor un pueblo perfecto San Juan será grandioso delante de Dios, no por la nobleza de su sangre: sino por el milagro que el Señor obrará. En su nacimiento; por las gracias del Espíritu Santo que lo precederán: por la inocencia de su vida: por la severidad de su penitencia: posteriormente por el ardor, por la pureza, por la constancia, por los débitos y por los sucesos de su diligencia

Bien conocía el Ángel Gabriel la efectiva grandeza. No le era menos conocido el corazón humano y de hecho ¿qué cosa puede ser más conforme para preparar al Señor un pueblo perfecto, que simbolizar a los pecadores, que es su Dios, que es a su Salvador el que ellos renuncian? A los herejes que es la arcaica ley la que ellos echar abajo; y que pierden de la simplicidad y de la integridad de corazón de sus padres: a los desconfiados; ¿que son las iniciales reglas de la sensatez más común, de donde se retiran, en el oficio más importante del mundo y en que no hay demás partido que tomar, que aquel con que los brinda el ejemplo de los indiscutibles fieles?

Observemos a Zacarías. Reflexionemos primeramente en su desconfianza, El se turbo y le sorprendió el temor ¿Si un amigo de Dios se amedrenta a la vista de un Ángel, enviado de la misericordia del Señor, ¿cuál será el pavor de los pecadores, cuando advertirán a Jesucristo rodeado de indivisibles Ángeles ministros de sus desagravios?

Meditemos en segundo lugar sobre su oración. Porque ha sido atendida tu oración. Otras veces había hecho la encomienda de un hijo; pero ya tenía mucho tiempo que no solicitaba otra forma al Mesías, que era la observación de toda la nación y cuya vuelta, según todas las profecías, no debía quedar muy lejos. Su plegaria fue oída en el indiviso y en el otro punto en una manera que excedo todas sus esperanzas. Cuando nosotros somos solícitos en los haberes de Dios, es suplico por los nuestros: cuando Dios no oye nuestros votos, o cuando rezaga el oírlos, es eternamente para nuestro bien.

Examinemos la falta de Zacarías. una fracción de ella fue grande, porque la potestad de Dios es un porqué para creer contra las formas de la razón y frente a otro cualquier dificultad del entorno. Por otra parte, su modo de Sacerdote solicitaba de él una docilidad más perfecta y una fe que obtuviese servir de guía al pueblo y por otro lado, este pecado parecía justificable: ella fue solo de un instante y era un momento de turbación y de temor ¿Y cómo evadir en nosotros tantas desconfianzas, tan incesantes y tan voluntarias, dudas presumidas y deliberadas, una resistencia y una incredulidad inmoral?

Prestemos atención finalmente a el castigo de Zacarías, cuando dijo al Angel: ¿como comprenderé yo tal cosa? Anhelaba sin duda una indicación, o un milagro que te ratificase la verdad de las vicisitudes que se le habían anunciado; y esta señal se le concedio: Quedo silente: tal fué el efecto instintivo de su peticion, que fué al mismo turno castigo de su culpa y prenda indudable de la bondad del Señor para con él: y él admitido con sumision y creencia su castigo Dios varias veces nos oye para sancionar de algunas peticiones impertinentes qiie le inventamos; pero sus puniciones en este mundo, aunque a nosotros nos parezcan otra forma, siempre son favores.

San Zacarias sale del templo mudo por no confiar en Dios

El pueblo estaba esperando a Zacarías y se extrañaban de lo que se rezagaba en el templo y al salir, no podía hablarles. Concibieron que había tenido una visión en el templo. Él se los representaba por señas y sé quedó mudo, sucedió que habiéndose consumado los días de su oficio, se regresó a su casa. Zacarías no se exenta de acabar el tiempo de su prestación ni por su enfermedad, ni por el deseo que tenia de hacer cómplice a Elizabeth del favor que se les había ofrecido. No teme manifestarse al pueblo y tolerar con resignación la degradación de su estado. Qué amor por el encierro que no se detiene después de haber consumado sus funciones. Se revierte a su casa, cuando ya no es preciso su ministerio. Cuantas enseñanzas para nosotros en esta conducta.

El pueblo merece también nuestra admiración, ya que no se queja de lo largo que ha sido el sacrificio y se estuvo en oración hasta que se acabó. No lo acusa, ni aun desconfían de él alguna falsedad. Creen simplemente que Zacarías ha tenido una visión del cielo y el padecimiento que en él reconoce, se lo hace siempre más augusto. Del mismo modo correspondemos nosotros respetar los afligidos, descifrar todo en buena parte y jamás recelar mal de cualquiera y mucho menos de los ministros del Señor.

Reflexionemos después de estos días concibió Elizabeth; y por cinco meses se mantuvo escondida expresando: el Señor lo hizo así conmigo, cuando se existió a mí para prohibir la vergüenza de entre los mortales. Zacarías la instruyo, sin duda, por comunicación de las piedades del Señor, ella no titubeo de creer y su fe fue laureada. Habiendo concebido, según el ofrecimiento del Ángel, no se apresuró a mostrarse en el mundo, ni a publicar su contento.

De ella deben aprender las almas favorecidas de Dios a esconder las gracias que hace ya no hablar de ellas, sino por obediencia, o por necesidad. No acababa de dar gracias al Senior y de atolondrar su providencia Dios nos aflige y nos consuela cuando le agrada, según los designios de su providencia y de su excelente sabiduría. ¿Por qué, pues, inquietarnos en las ayudas de Dios, que todo lo puede, que todo le rige y que nos ama? Proporcionar gracias por todo; y todo lo que hace se cristianizará siempre en nuestro decano provecho.

Oh Dios mío, te doy infinitas gracias y te las daré en todo tiempo y principalmente cuando te agrade probarme. Seré mil veces mucho más feliz, si para tenerte en mi corazón me concedes sufrir tanto, cuanto sufren y padecen los pecadores, pero sin fruto y perdiéndote. Sé que me castigarás en el tiempo para llevarme a ti y perdonarme males eternos. Los bienes que me otorgues en el orden de la naturaleza, me los restituirás con tu gracia con usura en el cielo. Castígame pues, ¡oh Justicia misericordiosa de mi Dios! Castígame aquí en la tierra para perdonarme en el cielo.

En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espirity Santo, Amen.